El gigante de la armadura obscura se impone fácilmente ante el escuálido oponente. Ya lo tenía herido, muy herido, casi de muerte, pero aun hay una pequeña esperanza para el pequeño guerrero. Solo tienen que pedirle fuerzas, solo tienen que pedir su armadura, tan solo con que alguien pida lo que el necesita, podría vencer al poderoso guerrero.
¿Sabes donde se libró esta batalla? ¿Sabes de quien depende la decisión de ganar o no este encuentro? Esta en ti. Hay una fuerte batalla en tu interior. Pero solo ganara a quien les des los medios para hacerlo. De repente unas feas y grandes aves, muy parecidas a los cuervos, se acercan al campo de batalla. Trayendo alimento al guerrero, le dará fuerza, le proporcionara el vigor que el necesita, pero solo la obtendrá si tu se lo permites.
“Aquella mentira que dijiste para zafarte del duro regaño”. Con sus grandes manos toma un trozo de carne y
obtiene mas fuerza. “Ese chico tiene el reproductor de música que tu tanto querías”, el pájaro comienza a reunir algunas ramitas, esta comenzando a anidar malos pensamientos en tu interior. ¿Y que ha pasado con el espíritu? Flaco, hasta los huesos, apenas puede mantenerse de pie.
No ha sido alimentado en muchos días, sabes al igual que tu, no puede sobrevivir con comer una vez a la semana, y solo le has dado unos bocados de pan los domingos por la mañana. Pensamientos impuros empiezan a anidar también en tu mente. Los pájaros se encuentran anidando unos grandes huevos, muy pronto estarán listos para nacer, el nombre de los polluelos, robo, fornicación, engaño, entre otros.
Pero de repente alguien dice ya no más. Alguien se pone de pie, y de ese suelo desértico en el que se encontraba arrodillado, empieza a brotar agua viva. Comienza a beber desesperado, y al mirar hacia arriba, allí estaba, aquel que por tanto tiempo había anhelado volver a ver, se encontraba frente a el, era el general. ¡Era Jesucristo!
-Aquí esta la armadura que tanto necesitabas hijo mío.-Le dice al guerrero.-Toma también tu espada, que
deberás afilar todos los días.-Pero, pero yo soy tan débil, por años he estado intentando derrotar a este gigante y vez tras vez he fallado. – No te preocupes hijo mío. –Dice Jesús.- Yo me perfecciono en la debilidad, esa es mi especialidad. Además, solo necesitas mantenerte detrás de mí, yo soy el que peleare tus batallas.
-Acabado de decir esto, se acerca al gigante, con cada paso que Jesús daba, el guerrero de la armadura negra se hacia cada vez mas pequeño, hasta el punto de ser del tamaño de un chiquillo débil y escuálido. En ese momento lo encierra en una jaula, después de esto, su mirada esta en los cuervos, destruye a las aves, los nidos y a los horribles huevos que en esta se encontraban.
-Esta será tu responsabilidad, que no vuelvas a alimentar al guerrero que tu llamas carne, ni dejar que los pájaros vuelvan a anidar aquí. Tampoco permitas que estos le traigan comida a la carne, siempre habrán pájaros volando arriba de ti, pero nunca permitas que estos lo alimenten. De lo demás me encargare yo, prepárate y aliméntate bien de mi palabra todos los días de tu vida, recuerda siempre que yo peleare tus batallas, solo permíteme estar al frente de estas.
Y así es como el pequeño y débil guerrero del que hablábamos al principio se convirtió en ese fuerte guerrero, claro, comandado por el general de generales, Jesucristo.
¿Eres tú ese guerrero? Esta en ti la decisión.
Efesios 6:10
Finalmente, dejen que el gran poder de Cristo les dé las fuerzas necesarias. Protéjanse con la armadura que Dios les ha dado, y así podrán resistir los ataques del diablo.