También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos. Números 12:33
Los espías se encontraban en una importante misión, habían entrado al territorio enemigo, a la tierra que se les había sido entregada, la tierra que habrían de conquistar. Grandes cosas observaron allí, y cuando hablo de grandes lo digo literalmente. Desde un racimo de uvas que solo dos personas juntas podían cargar, hasta los habitantes de esta tierra.
Y para ellos fue mas fácil ver los problemas, ver los gigantes, esos que te hacen dudar. Esos que te hacen dar un paso hacia atrás, olvidando todas las promesas que te ha dado tu Dios. No se sentían listos, seguros, no se sentían capaces de derrotar a esos gigantes, se sentían como langostas ante ellos, como una vil cucaracha.
Creo que la mayoría de las personas se han sentido así en mas de una ocasión. Aquella en que las recompensas son grandísimas, pero también los riesgos y las batallas son enormes. Y el centro del problema a todo esto es que te sientes pequeño ante las situaciones, crees que te ven como una cucaracha, y tu estas de acuerdo con ellos.
Pero la pregunta es, ¿Te hacen sentir como cucaracha? O tu al verlos a ellos te pusiste el disfraz y es lo que
ellos ven, el reflejo de tu interior. Un hijo de Dios nunca debería de sentir miedo de la situación, de los problemas, tal vez las circunstancias no son como tu deseas, pero nunca debes de olvidarte de que no eres tu quien luchara la batalla.
Cinco piedras lisas. Fue todo lo que necesito ese muchacho para derrotar a ese guerrero imponente, que hacia a todo un ejercito temblar. No dudo en ir contra el, había alguien que lucharía su batalla, y el no dudaría en que la ganaría.
Y cuando el filisteo miró y vio a David, le tuvo en poco; porque era muchacho, y rubio, y de hermoso parecer. 1 Samuel 17:42
La gente siempre te vera como menos, tal vez te haga sentir como langosta, como cucaracha, pero depende de ti que te pongas el disfraz, depende de ti el creer que podrás enfrentar a tus gigantes, y podrás derrotarlos, porque Dios es quien pelea tu batalla.
El muchacho derroto al gigante, y con el pasar de los años lo coronaron rey, no dejes pasar las oportunidades que Dios pone en tu camino, no importa lo difícil que sea la batalla, al final es mucho mayor la recompensa.





Hay tantas voces en mi cabeza. No puedo dormir. No puedo estar ningún momento en paz, me gritan, me atormentan, me ordenan cosas, cosas horrendas, por algunos momentos siento que estoy dejando de ser yo, y ellos empiezan a tomar el control.
pequeños momentos en que vuelve la razón, es que me pongo a pensar en como pude llegar hasta aquí, es decir yo era una buena persona, no merecía andar vagando y viviendo entre las tumbas, como una bestia.
Mi cuerpo se estremeció por completo, lo que ellos mas temían, sucedió. Nunca había sentido tanto miedo como en ese momento, de pronto, un hombre que nunca había conocido, con solo verlo caí al suelo violentamente. Escuchaba que las voces se decían. ¿Qué hace aquí El? ¿Perdernos, seremos expulsados, matémoslo, antes de que seamos enfrentados. La batalla mas grande de mi vida fue librada en mi interior ese día. Hice todo lo posible para llegar a los pies de ese hombre, aquel hombre que nunca había visto.
alimentaron. Y me contaron la sorprendente historia de que todo aquellos que vivía en mí se dirigió hacia un hato de cerdos y los llevo al acantilado. No se quien sea este hombre, no se que sea de mi vida en un futuro, pero dedicare mi vida a decirle a la gente de cómo Dios me rescato, como Dios me libro de mi prisión, gracias a mi amigo Jesús.
¿Pero y nosotros qué? . Esa es la parte que siempre se nos olvida, o de la que nos queremos olvidar. Estamos muy pendientes de las bendiciones, pero la mayoría de las veces no hacemos nada para merecerlas, o mejor dicho, que lleguen a nosotros.
merecen todo. ¿Se imaginan si Dios nos diera todo lo que le pidiéramos sin obedecer lo que El nos manda?



